4 jul

Maria Echevarria celebra el centenario rodeada de sus familiares así como del personal y usuarios de la residencia de ancianos Elorduy.
D. José Antonio Arriola en nombre de la Diputación le entregó un ramo de flores y un grabado realizado en aguatinta y oleotinta “A Salvo de 100 tempestades” creado y diseñado por Jesús Lizaso.
El ayuntamiento de Barrika por su parte, obsequió a la centenaria con un ramo de flores.
La residencia de ancianos Elorduy le regaló una orquídea morada que simboliza la prudencia y la sabiduría: dos calificativos que definen perfectamente el carácter de María Echevarria.

HE SIDO MUY FELIZ EN ESTOS CIEN AÑOS DE VIDA
Me casé con 27 años. No pudimos tener hijos pero mis sobrinos han sido igual o más que si hubiesen sido míos.
Mi marido fue futbolista del Arenas y el Getxo y su equipo llegó hasta la final de la liga en Madrid. Era alérgico al polen y por ese motivo en abril siempre íbamos a Aguilar de Campó.
SE TRABAJABA MUCHO EN CASA
Fuimos 10 hermanos, 5 chicos y 5 chicas. En la actualidad vivimos tres: Jose Luis de 95, Virginia de 93 y yo.
Para mantener a una familia tan grande mi aita labraba la tierra de otros con sus bueyes y mi ama por la mañana ordeñaba las vacas y luego la vendía a la parroquia. Tambien iba a la plaza de Portugalete a vender las verduras de la huerta. Fue muy trabajadora; lo hacía todo ella hasta que empezó a ayudarle Ignacia, mi hermana mayor.
Yo aprendí a coser para casa y de vez en cuando para la parroquia. Antes a las modistas nos enseñaban a coser tanto para caballeros como para señoras. He cosido mucho para mis hermanos; pantalones de mil rayas y camisas, también he hecho muchos arreglos y remiendos.
¡Cuanto calcetín habré zurcido!.
Antes teníamos solo un vestidito de percal ¡bien lavao y bien planchao siempre!.
Lavábamos la ropa en el río encima de una piedra y en verano las mantas en un balde de cinc con jabón chimbo o lagarto. Las pisábamos para que soltaran la suciedad y luego las aclarábamos en la corriente del río. Después las secábamos extendiéndolas en la hierba.
En invierno, la ropa se ponía a secar en cuerdas colocadas encima de la chapa de carbón.
De aquella época también recuerdo que el carnicero no daba abasto en vender sebo para poner al puchero .
Para comer nunca nos faltó de nada a pesar del racionamiento del pan, el aceite y demás. Comíamos mucho de lo que teníamos en la huerta y recuerdo que los domingos comíamos garbanzos con carne y puchero de berza.
El chocolate solo se podía comer en Navidades y tomábamos algo de turrón gracias a que el tendero nos solía regalar un poquito y unas obleas de miel.

HEMOS SIDO UNA FAMILIA MUY UNIDA
Mi padre cayó enfermo y le cortaron una pierna gangrenada. Pasaba mucho tiempo en la cama porque no le gustaba la silla y solía decir:
-¡Ene…. Envidia me tendrán a mi. Tantos hijos y todos alrededor!
Fue un enfermo muy agradecido.
En las declaraciones a la residencia de ancianos Elorduy, comprobamos que sobre todo, Maria ha sabido disfrutar de su familia .

R.M.Martín