10 may

Cuando le observamos parece mentira que hayan pasado tantos años desde que fuese un chaval correteando por las calles y el embarcadero de Erandio.
DSC_0079Aquella infancia en la que todas las distancias se recorrían a pie, y así era como visitaba a su tía Tere de Plentzia; golpeando el suelo con zapato desgastado por el uso, calcetín largo y pantalón corto.
Una etapa en la que en la escuela, la caligrafía era la reina de las tareas y la que más satisfacciones reportaba a los alumnos aplicados.
Justo recuerda con humor como D. Dionisio Casado, natural de San Asensio, le dio el primer puesto de la clase a Soldevilla , “un enchufado cuyo padre tenía mucho dinero y que le daba paquetes de tabaco al maestro” .
Después vino D. Honorato, “que era un buen profesor, pero un día casi me da pal pelo por comerle el bocadillo”. Justo cuenta a la residencia de ancianos Elorduy que el desaguisado se hizo entre Umberto Marín, que luego fue campeón de España de boxeo de los pesos pesados, Alberto del Campo y él, “aunque el castigo fue solo para mí” resume Justo con esa mirada llena de picaresca muy típica en él.
En esta época en la que había que agudizar el ingenio para poder salir adelante y no pasarlo demasiado mal, Justo era todo un experto superviviente.

A nuestro protagonista le gusta resolver los problemas en el momento en el que surgen.

Cuenta a la residencia de ancianos Elorduy, como en una ocasión con trece años de edad, sacó de la ría a un chavalín que se había caído al agua cuando iba a coger el gasolino, embarcación que cruza las aguas de la margen derecha a la margen izda y viceversa. El pequeño se había quedado oculto debajo de la plataforma del embarcadero.

Justo evoca con plena nitidez a las personas que han pasado por su vida y que como dice, han sido muchas debido a su gran versatilidad.Aprendió el oficio de maestro industrial en el taller mecánico de Etxeandia . Trabajó en la empresa alemana Elyma, que se dedicaba a la construcción de las grúas mas grandes utilizadas por los astilleros españoles.

Montó la torre de televisión de la Peña de Francia en Salamanca y allí conoció al padre Constantino “que era natural de San Sebastian y que cocinaba unas alubias magnificas ya que en otro tiempo había sido cocinero de Juan XXIII cuando todavía no era Papa”. También trabajó en la instalación de la torre de televisión del Tibidabo en Barcelona.

Además fue futbolista profesional y jugó para el Betis. Justo recuerda que en aquella época en el fútbol pagaban poco y mal y hasta llegar a ser profesional tuvo que entrenar mucho y siempre después del trabajar demasiadas horas.
Justo era todo un campeón: trabajaba, estudiaba y también entrenaba en el campo Ategorri de Erandio. Lo mismo en invierno que en verano. Salía a las seis de trabajar en Etxeandia , luego de seis a siete iba a la escuela de artes y oficios con el profesor D. Montenegro ,” muy buen profesor” recuerda, y después a entrenar hasta las nueve. Al final de la jornada, vuelta a casa y otra vez a trabajar al día siguiente.

Monaguillo en la parroquia de Erandio.
Justo es de esas personas de la vieja escuela para las que el trabajo  es la inspiración de cada día. En su infancia también fue monaguillo en la parroquia de Erandio y ahora se dedica a preparar los arreglos florales de la capilla y el Belén en Navidad de la residencia de ancianos Elorduy; donde reside. Un vínculo muy fuerte con la iglesia que cultiva en la tercera edad.
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Justo es un claro ejemplo de personaje de la literatura del siglo de oro español, a caballo entre el Lazarillo de Tormes y el alcalde de Zalamea.
Su delgada figura de aspecto regio, siempre observador e inquieto bastón en mano, recorre los pasillos de la residencia de ancianos Elorduy y no duda en salir todos los días a dar su paseo matutino que desde que comienza el buen tiempo con la primavera se torna en dos ya que después de comer sale de nuevo a tomar el sol y respirar la brisa del mar de Barrika.
Estoico, fuerte… Justo parece prolongarse en el tiempo y adquirir todo lo que la vida le depara con una buena dosis de aceptación y de humor socarrón, que a veces descoloca a quien lo escucha. Pero sobre todo es de esas personas que vive su vida con la individualidad de las personas únicas e irrepetibles para bien y a veces… para no tan bien. Justo es una pieza muy versátil en el ajedrez de la vida.

R.M.Martín