19 nov

Aurora y Marina se jubilan en ElroduyAurora y Marina se jubilan después de 34 y 41años respectivamente. Dos pilares fundamentales en la residencia de ancianos Elorduy; Aurora cocinera y Marina encargada de la lavandería .
Sus vidas han girado en torno a la residencia y la fundación Elorduy, desempeñando un trabajo que para ellas ha sido mucho más que una manera de ganarse la vida. Las trabajadoras y la congregación de las hermanas de la Caridad de Santa Ana que dirigían el centro han sido una gran familia, especialmente en aquellos primeros tiempos . Aquí transcurrió su juventud y Aurora además conoció en la residencia de ancianos Elorduy a su marido.
Pero no queremos despedirnos de ellas sin que nos cuenten cómo ha sido su experiencia en la residencia de ancianos Elorduy.
Aurora, con una gran sonrisa nos cuenta cómo llegó a la residencia de ancianos Elorduy:
Vine a Barrika porque una amiga de Burgos de la infancia vino a trabajar a Gaztelueta. Aunque mi padre no me dejaba, aproveché la celebración de las bodas de oro de mis abuelos y le conté a Valentina, una prima de mi abuela, mis intenciones. Ella convenció a mi padre y así fue como me trajo a la residencia de ancianos Elorduy.
Entré con 14 años y estuve aquí dos años. Después me fui, pero nunca perdí el contacto con la residencia de ancianos Elorduy . Cuando me casé y tuve a los hijos, venía todas las tardes para estar con las auxiliares y con Marinati, la hija de los guardeses.
A los 29 años volví a trabajar en la residencia y me quedé hasta el día de hoy.
En estos años he conocido a varias directoras: La hermana Engracia, quien después de que la trasladaran a Madrid solía venir a visitarnos, la hermana María Barona, La hermana Joaquina, la única oriunda de Barrika: la hermana Ana y más recientemente Isabel.
Cuando llegué éramos entre de 8 y 10 trabajadoras : dos de ellas eran hermanas, el matrimonio del caserío y una hermana de ellos, una tía de Pili Vega, una señora portuguesa que vivía en la casa contigua a la residencia, y 10 monjas de la congregación.
Con el tiempo Llegamos a ser 12 trabajadoras. Imposible de olvidar porque la superiora todos los años hacia 12 papeles que correspondían a los meses del año , para que cada una cogiera a suerte su mes de vacaciones. Era muy divertido y a veces te tocaba el mes de enero u otro que no te iba bien por lo que tenías que negociar con las compañeras.
En la residencia de ancianos Elorduy vivíamos unas 10 chicas.
Nuestra habitación estaba en la segunda planta orientada hacia Plentzia y había ocho o diez camas situadas entre ventanas.
En Navidad teníamos regalos de Reyes personalizados. Mi primer regalo fue una bufanda que llegaba hasta el suelo. Estaban muy de moda por aquel entonces.
La hermana María nos quería como unas hijas, siempre que iba al Corte Inglés nos traía algo, incluso en una ocasión nos trajo angulas.
Aurora nos cuenta que en la cocina estaba ella con la hermana Ángeles. Cuando las auxiliares acababan en los pisos bajaban todas a comer y a limpiar la cocina. A las doce del mediodía se unían también las de la plancha.
Mi relación con la hermana Ángeles fue un poco peculiar. Me castigaba muchísimo y en los castigos me enseñó a hacer punto de cruz. Cuando nació mi hijo ella me lo cuidaba mientras yo trabajaba.
Había unos 130 residentes pero todos entraban siendo autónomos. Era una de las condiciones para entrar en la residencia de ancianos Elorduy. Dormían también en habitaciones grandes con muchas camas. En la segunda planta había dos salones hermosos a la derecha, y otros dos a la izquierda.

Aurora nos cuenta cómo era la vida en la residencia de ancianos Elorduy cuando ella llegó con 14 años

Aquí trabajábamos y por las tardes íbamos a la escuela que estaba en la primera planta del edificio. En la planta baja, lo que es hoy el gimnasio, no había nada. Estaba muy oscura y la utilizábamos para jugar y escondernos.
Aurora recuerda con nostalgia cómo se las ingeniaban en el día a día y cuenta que las calderas estaban situadas al salir de la cocina y que cuando se lavaban la cabeza bajaban , abrían la puerta de las calderas y con la ráfaga de calor se les secaba el pelo al instante. “Era increíble teniendo en cuenta que llevábamos el pelo muy largo.”
Algunas tardes salíamos a pasear y coger piñas por el monte con el matrimonio que vivía en el caserío; Francisco y su mujer Isabel.
Después vinieron Juan y Juanita. A su hija la conocí en fiestas de San Blas y nos hicimos grandes amigas. Aquí conocí a mi marido que venía a hacer trabajos de carpintería con otros dos compañeros.
La campana que anuncia en la residencia de ancianos ElorduyAl principio y cuando éramos unas jovencitas que vivían y trabajaban en la residencia, cada vez que salíamos con las amigas, la hermana Florencia nos acompañaba hasta casi la estación de Plentzia y no dejaba de rezar para que no nos pasara nada.
La hermana Florentina era un amor, como era muy bajita por las noches se subía a un taburete y nos picaba el pan para hacer las sopas de pan . Lo hacia con mucho amor.
La campana anunciaba los acontecimientos del día y comenzaba tocando a Misa . El encargado de tocarla era Baldomero, un residente que había sido jardinero y conserje en un centro de frailes.
También se tocaba en las horas de las comidas. Había tres comedores, en lo que hoy es enfermería había uno para 60 personas, en la segunda planta otro para 50 y en lo que conocemos como Gardoki el comedor era para unas 14 personas. Este era el comedor VIP.
Para Aurora la residencia de ancianos Elorduy ha sido un hogar en el que ha pasado gran parte de su vida y del que se lleva muy gratos recuerdos

(CONTINUARÁ…)
R.M.MARTIN